Minutos, roles y un equipo invicto: radiografía del caso Granca U22 desde la óptica del dato.
Cuando el 3–0 no basta.
En el alto rendimiento, ganar no siempre es el antídoto contra la inestabilidad. El filial del CB Gran Canaria (Liga U22) encadenó tres victorias en su arranque liguero y, sin embargo, su entrenador Pablo Melo presentó la dimisión denunciando injerencias en su trabajo, especialmente en la gestión de minutos de determinados jugadores. La noticia, adelantada por AtlánticoHoy el 5 de noviembre de 2025, señala tensiones con la dirección de cantera por decisiones sobre tiempo en pista, pese a que el equipo marchaba invicto (83–80 vs Bilbao, 83–77 vs Burgos, 73–91 vs Granada).
Por su parte, La Provincia recogió la versión oficial del club: salida por “motivos personales” y técnicos interinos para el siguiente partido. Dos días más tarde, AtlánticoHoy informó del nombramiento de Ermis Papakonstantinou como nuevo responsable del filial, cerrando el movimiento en el banquillo.
Este artículo propone una lectura analítica y profesional del episodio desde tres capas: evidencia deportiva con datos, interpretación técnica y de scouting, y lecciones de gobernanza y negocio en un proyecto U22. La clave es observar cómo los minutos no son sólo un número: son exposición, desarrollo, valor de mercado y, a veces, fricción política.
El marco competitivo: señales de un equipo que crece.
Antes de entrar en el detalle de roles, conviene leer la foto de equipo. En las cuatro jornadas analizadas (J1, J3, J4 y J5), el team_6 de mi dataset interno suma:
- J1: 83 puntos, 40 rebotes, 12 asistencias
- J3: 83 puntos, 34 rebotes, 10 asistencias
- J4: 91 puntos, 42 rebotes, 19 asistencias
- J5: 95 puntos, 45 rebotes, 20 asistencias
La evolución hacia J4–J5 muestra un salto en pase (de 10–12 a 19–20 asistencias) y control de rebote (42–45), manteniendo una anotación alta (91–95). Para un proyecto U22, esto sugiere mayor cohesión y madurez táctica: más extra-pass, más segundas oportunidades, mejor equilibrio entre creación y finalización. No es el perfil de un equipo desorientado; al contrario, refuerza el mensaje de Atlántico Hoy de que el grupo rendía en la pista pese a la tormenta institucional. La reacción rápida de la entidad al cubrir el banquillo tras la salida de Melo, y su versión oficial de “motivos personales”, añade otra capa: el relato importa, porque encuadra la percepción externa del proyecto.

Metodología: del dato en bruto a un indicador de “carga real”.
Para construir un diagnóstico operativo, he trabajado con las estadísticas de los partidos de J1, J3, J4, J5). La columna MIN presentaba errores de exportación típicos (formatos mm:ss tratados como hh:mm:ss e incluso filas con “01/01/1900”). Por eso, además de sanear minutos, he diseñado un enfoque robusto centrado en proporciones intra-partido:
- Shares por partido:
- %Min = minutos jugador / minutos totales del equipo
- %Pts = puntos jugador / puntos del equipo
- %Ast = asistencias jugador / asistencias del equipo
- %Reb = rebotes jugador / rebotes del equipo
- Índice de Carga Compuesta (0–1):
[ \text{Carga} \;=\; 0.40\times \%Min \;+\; 0.30\times \%Pts \;+\; 0.15\times \%Ast \;+\; 0.15\times \%Reb. ] La ponderación prioriza la exposición (minutos) sin perder el impacto productivo (puntos), y añade el valor de la creación (asistencias) y del control del tablero (rebotes).

Este índice permite responder a la pregunta clave: ¿Quién sostiene el peso funcional del equipo en cada partido? Es especialmente útil cuando la integridad de MIN es parcial (como ocurre en J1 y J5, donde la suma de minutos por equipo no alcanza 200 y aparecen registros imposibles). En lugar de descartar esos juegos, el uso de shares y carga reduce el sesgo. La metodología no pretende sentar cátedra universal, pero es reproducible, explicable y útil para decidir.
Roles y diferencias de juego: quién crea, quién cierra, quién finaliza.
Una de las claves para evaluar injerencias es entender los roles orgánicos del grupo. A partir de los shares medios en las cuatro jornadas:
Creación (Asistencias)
- González Ramírez, Brayan Jesús ≈ 28.8% del pase del equipo.
- Panasiuk, Aleksandr ≈ 18.5%
- Díaz, Fabián ≈ 13.0%
- Heinonen, Eetu ≈ 11.4%
- Cabrera, Gonzalo ≈ 10.0%
Lectura: Brayan funciona como creador primario; Panasiuk aporta dirección secundaria, con Díaz/Heinonen como apoyos de manejo y playmaking. Esta estructura suele ser saludable: el flujo no descansa en un único portador.

Control del rebote (Total)
- Tsafack, Wilfried ≈ 14.3%,
- Miteo, Mervedí ≈ 14.1%
- Mbengue
- Code ≈ 13.5%
- Arteaga, Jorge ≈ 11.1%
Lectura: el eje interior está bien repartido. Cerrar el aro y capturar segundas oportunidades ayuda a sostener parciales y a acelerar la transición.

Finalización (Puntos)
- Mbengue ≈ 13.9%
- Tsafack ≈ 12.7%
- Panasiuk ≈ 12.0%
- Miteo ≈ 11.5%
- Heinonen ≈ 11.0%
Lectura: Mbengue aparece como punta de lanza de la anotación, seguido de un bloque con volumen consistente. Es otra pista de salud táctica: la ofensiva no es monolítica.

¿Quién llevó la “carga” del equipo… y cuándo?
El índice de Carga Compuesta ordena la jerarquía de impacto relativo:
Top-5 por carga media (0–1):
1) González Ramírez, Brayan — 0.129 (≈19.5′, 9.3 pts, 4.3 ast, 3.3 reb)
2) Miteo, Mervedí — 0.111 (≈19.3′, 10.0 pts, 5.5 reb)
3) Panasiuk, Aleksandr — 0.108 (≈15.1′, 10.5 pts)
4) Heinonen, Eetu — 0.108 (≈21.5′, 9.8 pts)
5) Mbengue, Code — 0.101 (≈17.2′, 12.3 pts, 5.5 reb)
Liderazgos por jornada (Top-3 por carga):
- J1: Brayan (~0.171), Miteo (~0.152), Panasiuk (~0.112)
- J3: Panasiuk (~0.148), Arteaga (~0.135), Díaz (~0.112)
- J4: Brayan (~0.141), Miteo (~0.120), Tsafack (~0.111)
- J5: Heinonen (~0.159), Mbengue (~0.136), Brayan (~0.111)
La lectura es poderosa: no hay un “alfa” fijo inamovible. La carga va rotando según partido, alternando creadores (Brayan, Panasiuk, Heinonen) con interiores (Miteo, Mbengue, Tsafack). Este patrón suele ser deseable en desarrollo: el equipo aprende a ganar de varias maneras, multiplica referencias, y hace menos predecible su plan de juego.

Estabilidad vs volatilidad: el mapa de la exposición
Para distinguir ajustes tácticos de vaivenes potencialmente “no técnicos”, analicé la estabilidad con el Coeficiente de Variación (CV) de minutos y puntos por jugador:
Más estables en minutos (CV bajo): Cabrera, Juan E. Yánez, Heinonen, Brayan y Díaz.
Implican roles definidos en exposición, algo clave para consolidar hábitos.
Más volátiles en minutos (CV alto): Tsafack, Oliver, Panasiuk.
En sí mismo no es negativo —puede ser matchup o game plan—, pero en un contexto donde los minutos son motivo de discusión, esta oscilación es un foco natural de conversación.
Estabilidad en puntos: Panasiuk, Mbengue y Brayan mantienen un volumen relativamente estable; Arteaga, Oliver y Coulibaly fluctúan más.
Advertencia metodológica: la integridad de MIN es parcial en J1 y J5, con casos imposibles (p. ej. anotaciones altas en tiempos ridículos), por lo que no baso conclusiones en minutos absolutos; de ahí la importancia de shares y carga como brújulas más robustas. Aun así, la dispersión observada cuadra con un contexto donde la exposición (más que la producción) podría estar atravesando decisiones extradeportivas — justo lo que el artículo original sugiere al hablar de injerencias.

Lectura de scouting: fortalezas, áreas de mejora, y sensibilidad de plan de juego.
Fortalezas detectadas:
- Creación repartida con un primus inter pares (Brayan) y secundarios solventes (Panasiuk, Díaz, Heinonen): reduce dependencia de un único portador.
- Columna interior sólida (Miteo, Mbengue, Tsafack): rebote y finalización con buen timing para cerrar parciales.
- Madurez colectiva hacia J4–J5: más pase, más rebote, más puntos. Es el tipo de tendencia que quieres ver en un U22 con vocación de alimentar al primer equipo.
Áreas de mejora razonables:
- Consistencia en seguridad de balón (turnovers) y selección de tiro: no he contado con FGA/FTA en este archivo; con esos datos estimaríamos USG%, TS% y creación de ventajas cuantificada.
- Contextualización por rival y ritmo: he obviado el dataset completo con registros de equipo rival, para así ajustar por posesiones y evaluar si las variaciones de uso responden a matchup (p. ej., interiores grandes rivales, flujos de ayudas, etc.). El foco en este caso de estudio era otro.
- Integridad de MIN: imprescindible fortalecer la calidad del dato; en cantera es habitual que el data entry no sea perfecto, pero si los minutos van a ser una KPI política, hay que cuidarlos al máximo.
En cuanto a la sensibilidad de plan de juego, dado que la carga rota con naturalidad, el equipo puede ganar por diferentes vías. Eso es una ventaja estratégica que se pierde si la decisión de minutos se rigidiza “desde fuera”. Si el staff se ve forzado a sobredimensionar la exposición de perfiles concretos sin justificación táctica, el mix de roles se descompensa y la curva de aprendizaje de los demás se empobrece.
Visión de negocio y gobernanza: los minutos como KPI crítico
En cantera y U22, los minutos son exposición al mercado. Definen:
- Desarrollo individual (confianza, toma de decisiones, lectura de ventajas).
- Proyección (clips útiles para scouting, interés de NCAA/LEB/ACB, negociación con agentes).
- Valor de la propiedad (activos formativos que alimentan al primer equipo o que se ceden/traspasan con sentido).
Por eso, la hipótesis de injerencia no es menor. Si un club permite que la gestión de minutos se desalinee del plan formativo y del plan de partido, aparece un coste reputacional y de atracción de talento. La versión oficial de salida por “motivos personales” protege el relato externo, pero de puertas para dentro el dato debe blindar el proceso: el porqué de cada minuto tiene que ser trazable.
Propuesta operativa (para comités de cantera)
OKRs por jugador (trimestrales): objetivos de exposición (minutos), carga, y competencias (creación, finalización, rebote, defensa en X conceptos), y cuadro de mando quincenal:
- Usage real = mayor especialización, cuando haya datos completos, USG%, TS%, on/off de quintetos.
- Coherencia táctica: explicar, con datos y clips, por qué sube o baja la exposición (rival, matchups, game plan, fatiga, salud).
- Vía profesional: indicadores de readiness para LEB/ACB y comparativas con benchmarks de edad/posición.
Política de comunicación:
Hacia arriba (dirección), unresumen de 1 página por jornada con KPIs + explicación táctica, y hacia el vestuario, one-on-one mensual con cada jugador, compartiendo gráficas simples (share de minutos, rol y objetivos de la siguiente ventana).
Para asegurar la calidad del dato, habría que establecer un protocolo para validar MIN antes de cerrar acta interna; si hay discrepancias, se corrige y se documenta. En el apartado de la toma de decisiones, si la dirección de cantera quiere impulsar la exposición de un perfil por estrategia de club, que se anote en acta y se justifique con KPI de desarrollo, evitando el ruido de la arbitrariedad.
Este sistema no sólo evita crisis, sino que eleva el valor de la cantera como línea de negocio. Un proyecto que mide, explica y acierta, atrae talento, retiene staff y capitaliza en resultados (deportivos y económicos).
Conclusión: ganar bien, explicar mejor
El arranque invicto del filial del Granca no evitó una crisis. Pero los datos muestran a un equipo que crece y diversifica sus formas de ganar: más pase, más rebote, más jugadores capaces de liderar la carga en momentos distintos. Ese es el camino correcto en U22. El reto —como siempre en el deporte formativo— es blindar el proceso: que los minutos respondan a un plan de desarrollo y a un plan de partido, que las decisiones se midan, se expliquen y se comuniquen. Cuando la gobernanza acompaña al talento, las victorias pesan más… y el ruido pesa menos.
